Tinta azul

Terminaba su café para llevar recién preparado, cuando bajó la mirada por una fuerte brisa que levantaba polvo del suelo, y alcanzó a observar la pequeña tarjeta en blanco que aterrizaba cerca de sus pies desde lejos. Con lentitud la levantó hasta tenerla cerca de su rostro: sólo una numeración telefónica escrita con tinta azul y un nombre de mujer en letra imprenta y alargada. Nada más.

Pensó dejarla en la banca del parque donde estaba sentado, al momento de ponerse de pie e irse a casa, pero le ganó la curiosidad y así fue como la tarjeta fue a parar a su bolsillo derecho, junto al juego de llaves que solía perder en su habitación.

Al cruzar la entrada de su departamento, Santiago encendió las luces y recordó la tarjeta que aún llevaba en el saco que ya estaba desvistiendo. Jugó con ella entre sus dedos por algunos segundos, de pie junto al gran espejo que hacía su departamento más grande de lo que era; alcanzó a oír las risas de sus hijas en la cocina y los pasos de tacón de ella en el dormitorio. Se quedó en silencio un par de minutos y luego procedió con aquella rutina del esposo regresando después del trabajo. Tras la cena, descansó en su sofá, frente al televisor que mostraba un noticiero sin volumen, gracias al control remoto. Su mirada estaba fija en la pantalla, mientras escuchaba al otro extremo del departamento a las tres mujeres de su vida en una lucha interna, ya que las gemelas no querían aún acostarse. Y siguió con sus horas.

Tres noches después, en un acto que luego no pudo explicar, el último pensamiento que le vino a la mente, antes de quedarse dormido, fue la tarjeta que aún aguardaba en el bolsillo de su saco: cayó en la cuenta que jamás había tenido oportunidad de conocer, directa o indirectamente, alguna mujer que llevara ese nombre. Se levantó de la cama sin hacer ruido, buscó el saco de aquel día en su armario y lo vistió para bajar a la tienda que a esas horas todavía estaba abierta. Compró algunos chocolates para las chicas, una cajetilla de cigarrillos para fumarlos por la mañana y una revista de economía. Camino de regreso al departamento, vio la cabina telefónica que estuvo en su pensamiento al momento de decidir bajar a la calle. Ingresó en ella, buscó la tarjeta en el saco y la miró como si la olfateara. Otra vez paseaba su atención por el número telefónico y las letras escritas en el fondo blanco acartonado. Se mordió levemente el labio mientras marcaba la numeración azul en el teléfono: una acción que le sorprendía a sí mismo y que le entusiasmaba. Sintió cómo el corazón apresuraba el paso durante esos segundos eternos que se dan siempre que se espera. Cuando por fin se escuchó el primer timbrado, volteó su rostro para observar las almas que caminaban nocturnamente por la acera; al segundo timbre se pasó la mano por la frente en un gesto que siempre delató sus ansias; y tras el tercer campanazo, escuchó como se abría la comunicación al número que marcaba por primera vez en su mediana vida.

Hola, Santiago”, dijo inmediatamente la voz de mujer madura al otro lado de la llamada.


(Gracias, pequeña, por la fotografía)
Published in: Sin categoría on 11 agosto, 2010 at 13:54  Comentarios (8)  

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8 comentariosDeja un comentario

  1. Me ha encantado tu forma de expresar , de escribir de relatar … :) ) un abrazo me pasare mas veces por acá

  2. Que buen relato… Que manera de aterrizar! Genial como siempre y dejando la sensación de querer más líneas…más contenido, eres el mejor postre literario! Y la imagen esta de lujo! Hacen buen trabajo de equipo Felicidades :)
    Tete

  3. Dos perspectivas de este escrito, el ser humano es curioso, y miedoso; la duda nos invade en cada decisión, pero importante es arriesgarse, sin tener miedo al resultado… No saber que te espera, vuelve mas sorprendente el desenlacé; y me ha dejado impresionado el final… Admito que no lo esperaba…

    Paulo

  4. Me atrapo la historia y el insospechado final, quierooo una segunda parte!!! Excelente como siempre Alan y la fotografía es espectacular.

  5. Disfruto los acontecimientos extra-ordinarios, aquellos que te intrigan, que te seducen. Algo como este relato, algo como este blog. Imperdible. Un abrazo Alan! :)

  6. ✿Wow Alan, confieso que ese relato si me dejo en ascuas por su final insólito y con sabor a infidelidad durante buena parte de la historia. Me dejo con ganas de saber la continuación! Narrado de forma increíble como solo tú lo sabes hacer. Una delicia leerte como siempre, gracias! 桜

  7. Muy intrigante! Felicidades y muchos saludos!

  8. Me dejas una duda, ¿será que el destino nos espera? incluso en detalles indescriptibles se muestra, como en tus hábiles relatos. Casi podría ser real.
    Un gusto leerte


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