A Valeriana, flor de piel, le gusta recordar, de cuando en vez y entre sueño y verso, a las gemelas que cantaban en cualquier idioma que les solicitaban, incluso en aquellas lenguas muertas de las que casi nadie recordaba existencia, o esas melodías hechas sólo de números; al capitán de aquel barco que siempre desaparecía del mapa durante algunos años, para luego hacer acto de presencia sin anuncio alguno, y con la misma edad de siempre, como el mar mismo; al mendigo con la melena ensortijada hasta las rodillas, cuya única palabra que se le escuchó salir de los labios desgarrados era “¡Victoria!“, sin saber jamás si acaso evocaba alguna batalla perdida o ganada, o quizás a una mujer que lo llevó a la guerra de su locura.
A Valeriana, luna de mediodía, le gusta recordar a la funambulista que cruzó un océano descalza, sobre una cuerda hecha con hilos de arañas tan grandes como huevos de dragón; a los hermanos albinos que, midiendo dos metros y medio, disfrutaban arrastrándose por los jardines flotantes de su pueblo a la deriva; al enano que, en su eterno anhelo de volar, se lanzaba de cuanta colina encontraba, aterrizando siempre, y sin saber cómo, en el mismo lugar de donde comenzaban sus delirios.
A Valeriana, cuerpo de poema, le emociona traer de vuelta a sus pensamientos a la familia de arquitectos que diseñaban una ciudad hecha sólo de piedras y helechos; a la joven que nunca conoció el mar y que terminó convirtiéndose en sal una noche de eclipse lunar; al hombre de felino pelaje que escribía únicamente para que su amada le pusiera título a las letras reunidas con rubor, pasión y delicia.
A Valeriana, voz de seda, le gusta recordar que recuerda a quienes, de seguro, muy bien la recuerdan.
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Valeriana… precioso nombre, me encantó la forma sutíl y clara… lindas letras!!
Precioso Alan, me capturan tus escritos, me fascina leerte. Bello, besos…
Sentimiento transformado en palabras, que bello escribes!!! Gracias Alan por compartir tu creatividad
Hermano, eres dueño de miradas, cautivadas por letras, llenas de pasión, e inspiración…
Paulo